***Liras de sentimiento y belleza *** Yolanda Arias Forteza

lírica

La Música

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Dos Décimas/Espinelas*

1

Música es, divertimento
nueve musas que unifica.
Sonido y silencio en rica
conjunción de sentimiento.
Es Poesía en el movimiento
y da belleza en su armonía..
Minerva la diosa, sabía
cantos que inspiran razón
lenguas, voz del corazón.
De amor, sutil cacofonía.

2

En bucles ronda la muerte
sin alarde, ni tambores.
Silencioso, sin dolores
yace en mi regazo inerte.
Abjuración de mi suerte
alma cargada de penas,
sin él, eternas condenas.
En un llanto amargo acaba
y, mientras Mozart… sonaba,
sin sangre. Hiel, en mis venas.

Yolanda Arias Forteza
Junio 13, 2018

*Las décimas, constan de 10 octosílabos, con rima : a b b a a c c d d c.

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Cada Día

 

 

sueño 3

Por la noche duermo contigo en el alma,
mi rostro en tu pecho y al llegar el alba
tu recuerdo primo acosa mi anhelo
y mi pensamiento. Siempre tu presencia
llenando mi vida mi quehacer, mi tiempo,
corremos de prisa, hacemos pasteles,
y es una rutina de amor escanciada
de eventos pequeños que me magnetizan
y me llevan diario a esperar la noche
y anhelar el día. No sé qué prefiero,
si sea noche, o día. En ambos te tengo.
Te llevo incrustado en un broche regio,
recama de versos, como nomeolvides
que en enero crezco. Azul inquietante
entre las lavandas que aroman el fresco
remanso de un lugar secreto en que te arrullo
como al niño eterno que de ti yo encuentro.
Entre tus palabras, tus rimas, cadencias,
un duende parezco buscando la clave
de tus soledades, de tus inquietudes,
formando arabescos en que te recreo
y te siento mío y te pertenezco.
Sigue en mis empeños, vela en mis insomnios,
mantente en el lado del puente de todo lo ignoto,
extiende tu mano y toma la mía, disfruta
de todo lo que nos uniera cuando eras humano,
esencia vagando en dos entidades, profana y divina,
dulce felonía que burla tu muerte,
en la que perezco por ti, cada día.

Junio 8, 2016, 21:30 hrs.


Trovas

Trovas

Las trovas y canciones me atraparon
En cadencia de romances tan lejanos
Que cantaba en serenatas en mi escuela,
Trovas dulces, tan llenas de esperanza…
De amor pleno, que apenas intuía.

Cantar de desencanto, asedio y arrebato
Que cantaban mi madre y sus amigas
En excursiones familiares, en el campo.
De amores, y cercanas… lejanías.

Dramas de vida que mi alma niña
Inocente, aún no comprendía
Que ahora canto, sin saber que las sabía,
Marcada con nostalgia de abandono,
De pérdida infinita… de osadía

De atisbar entre el tumulto al ser amado,
De abrazos, de reencuentros
Que hasta al cielo estremecen…
De veredas perdidas y adioses obligados.

Trovas de destino, ágoras de mi vida
Que al final… ¡Me alcanzaron!

Yolanda Arias Forteza

(Noviembre 9, 2004) 10:00 hrs.

 

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La Guarida del Lápiz y Papel

 

Reunión Samhain Silgo XXXI
Octubre 31, 3017, 23.00 hrs. (Tiempo de España)

El recinto está ya en ruinas, pues mil años han pasado que Manoli, lo fundó, luminoso, acogedor para reunir las amigas, saboreando un buen café para charlar a placer sus sueños y travesuras, sus pláticas con sonrisas de aguamiel. La luna está azulada, será el reflejo del cielo que hoy obscuro más, se ve, con dos o tres vampiritos reflejando sus alitas extendidas de negrura en la plateada espesura de una esfera que algo obscura nos invita a recorrer las calles largas, desiertas de almas vivas, escondidas en sus casas, que ya no nos quieren ver.
Gatos negros hoy deambulan por varias calles vecinas, sus maullidos destemplados ya se escuchan por doquier y en todas las casas lindas se han corrido las aldabas a siete llaves cerradas, han bajado las cortinas y nadie se deja ver.
Plena noche de recuerdos, así nos la prometimos los poetas que estuvimos en la Guarida cautivos, con amores a destiempo, llorando nuestros silencios y desafiando a la muerte con sonrisas imprudentes o respetuosos dolientes, entre versos divagando y en la poesía destacando.
Sobre las mesas polvosas Yolanda va colocando las flores de zempoatzuchitl en cascada anaranjada con las que vino cargada la balsa en la que bogaba desde México en el que murió cascada, escribiendo desmedida, llorando sus amarguras, siempre por las madrugadas.
Sentado solo, a la espera está Salas escribiendo sus sonetos tan complejos, de lo que ocurre en España, versos de recio poeta que maneja el lenguaje con reconocida maña, con los que corta cabezas con recrudecida saña. Él aún habita un mundo de mil marañas extrañas, tanto como las arañas que cuelgan de su corbata, urdida con telarañas.
Ahora llega Araceli, en carrera apresurada los huesos le tintinean con las pulseras de plata, pues, ha dejado a sus deudos sólo joyas de hojalata. Su sonrisa nos revela que se siente fascinada por haber llegado a tiempo y así encontrarse dispuesta a ayudar en lo que sea, aprobando las propuestas.
Llega Mía acomedida, elegante, con el cráneo bien brillante pues fue con el peluquero, con revuelo de manteles y primorosas canastas con viandas bien preparadas de exóticas apariencias. Cavas y tintos de marca con etiquetas diversas enfriadas unas, los otros, en su tibieza perfecta.
Oh, no me había percatado. Al fondo, algo solitaria, miro a Julie con la cartera repleta de libros viejos y un deslucido bolígrafo escribiendo en los papiros que trae del siglo XXI, sigue escribiendo poemas y no sé de qué manera exhala humo su cabeza, tan reflexiva nos mira y luego un verso excelente escribirá del fantasma que le inspira lo que advierte.
José Javier está entrando. Elegante, y… despistado. Caballero nos saluda y enseguida nos describe de los cambios ocurridos al ambiente en cada entorno, desde el siglo pasado, se ha encontrado en el camino con amores que le quedaron pendientes y entre ellos, de alguno, permanece enamorado. Todas, casi todas, por él siempre, han esperado.
Manoli se está acercando y la tertulia enriquece con una copa en la mano está feliz de reunirse con sus amigas de antaño, esta reunión es lo suyo, lo que ella había imaginado y por eso en su rinconcito la junta se ha convocado.
Leha camina entre sueños sus pies el suelo no tocan, vuela entre todos nosotros y a un murciélago sus alas las ha pedido prestadas, él se encontraba cansado y ha decidido quedarse a dormirse desnudado en lo alto de un andamio, mientras ella luce hermosa con el negro de azabache sobre sus huesitos albos.
Silvia García Sandoval está ya traspasando como una reina el umbral, vestida como catrina, de belleza sin igual, amplio sombrero de copa adornado con las flores de su Morelos natal. Linda, bella deslumbrante, más que calaca temblante, semeja un lirio juncal. Sonríe amplia y en el ambiente flota un aroma de flores casi, casi angelical.
Llega Greg, apresurado, la corona ha resbalado, la blande desesperado porque siempre es el primero cuando convoca a reunión y ahora se ha retrasado, lo coronaron de olivos en la reunión de las artes, acompañado de Esther y la Guarida de peques y aunque no le gusta el nombre sigue siendo nuestro rey, porque se volvió poeta, a punta de recalar y por todas es amado, nadie nota que de estrés parece desmejorado, ¡qué leches! aún sin querer, ahora, todos somos… delgados.
Fantasmas diseminados hablan a más no poder, María Luisa, por ahí, da la mano a Cely Vargas, y Esperanza está bailando con Carmiña y Hergue Azul, dan la mano a otros poetas contemporáneos entonces. Como niños en un corro, dan vueltas todos danzando. Hay risas, salutaciones, brindis bohemios y cantos. La noche está terminando. Mía ha pasado lista, con algunas excepciones todos autores y amigos, Raquel nuestra Duendecilla, Ana Isabel, Devannys, Arturo y Dulce María (que siguen enamorados) Araceli de Luna, Casal casalita de la mano con Fabíán, Isabel Suárez, Lili, Marga y Silvia Salafranca, Verónica, Flor Profusa, Gloria Lucía, Matilde, María Gracia y Dulcinea, Paqui y María de los Angeles, cierra con María Yolanda (todos, bebieron de más).
Las doce están dando ahora, las campanas van sonando. Seguimos un rato más, todos estamos felices. Un aplauso fantasmal ensordece la alborada. El silencio nos invade, los besos y la nostalgia, la promesa de encontrarnos dentro un siglo celebrando. Las manos ya se separan, todos vamos caminando despacito nos miramos, a lo lejos un adagio en su sepulcral tonada nos ha de encontrar penando, otro siglo, otro tiempo de seguirnos encontrando.

© Yolanda Arias Forteza
Octubre, 2017


De Vida y Muerte

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Cuartetas
Versos heptasílabos

Alguien diga, en conciencia
si la muerte no deja
surcos negros de ausencia
dígase ¡qué los deja!

Si dejamos acciones
que no se han terminado…
disculpas y perdones
que no se han formulado.

Camino hacia el deceso
excedida de vida…
natural el proceso
secuencia, repetida

¡Porqué entonces el duelo
en cada despedida
llorando en desconsuelo,
si al morir, hallo vida!

En porfía al retenerte,
es mi pecho aura pálida
vela encendida, inerte
adosada a ti. Cálida.

Redundante elucubrar.
Al considerar la suerte
solo logro encumbrar
liras de vida y muerte

Yolanda Arias Forteza

Junio 2, 2018

 

 

 

 

 


Amo tu voz

Amo tu voz, cascada rota,
agua vertida en rosas de papel,
sumida entre tus versos no respiro;
pues, en ellos te abarco por entero,
te absorbo y te poseo. Imposible
elocuencia En que me veo
amándote en la eternidad.
Recreo de un sueño, enardecido
y loco, vertida el alma en sumisión
de duelo, la mente enamorada
pensando en ti, cual bendición.
Mi cuerpo es árido sendero
un campo sin arado ni venero
el portal, la casa desluciida,
no hay miel en el aljibe rebosado
un día, en cristales de luna
Iridiscente, por tu insaciable sed.
Amo tu voz que en, letras… besa.

Yolanda Arias Forteza
Marzo 13, 2017. 23: hrs.


Dos Ovillejos

 

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Llorando muchos pesares,
a mares
y en reflexión sumergida,
dolida
he terminado, sonriendo.
Aprendo
que la vida va fluyendo
de esperanzas obtenidas
con las alas extendidas.
A mares, dolida… aprendo.

II

He alcanzado ya mi meta
inquieta
de ese vivir desbocada
cansada.
Tiempos son ya de indulgencia,
anuencia.
Evitar la coincidencia
de más golpes en mi vida,
no tengo alguien a quien pida
inquieta y cansada… anuencia.

Yolanda Arias Forteza.

Mayo, 17, 2018

 

 


Las etapas de la vida

 

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Infancia

Aunque suene desmedida,
de mi madre fui el encanto
siempre fui la consentida.
De mis hermanos, no tanto.
De ahí, crecí… confundida.

Adolescencia

Por nueve años internada
Me estacioné en la inocencia.
De un amigo enamorada,
aun colmada de impaciencia
ni un beso. No le di… nada.

Madurez

Siete años duré casada;
mas, el infiel me hizo trizas.
Por el destino marcada
de ese amor solo hay cenizas.
Sola, Soy. No… abandonada.

Vejez

En el amor arropada,
llega el invierno a dejarme
en recuerdos encallada,
nuevo arrullo para darme
una vejez… encantada.

Yolanda Arias Forteza


Renacer

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Hoy culmina mi vida, no hay nada que la aliente,
el ansia de empeñar el alma, es capricho,
su destino, de vida y muerte fue predicho,
nada hay por hacer; pues, nada está pendiente.

Precisa que trascienda. En duda insistente
el vocablo “morir” ha puesto en entredicho
mi voz, campana muda, dormita en su nicho
tañerá a mi regreso si renazco inocente.

En letras derramarse en voz y sentimientos,
de glorias y de rimas recuerdo dividido
entre haces de luz y rumor a cuatro vientos.

Vislumbrar horizontes del azul más pulido
sin nubes borrascosas que son impedimentos.
Corona de laureles, honor no conseguido.

Yolanda Arias Forteza


Dulce Primavera

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Primavera en dulce miel
llena marzo con sus flores
su cantar
se me derrama en la piel
entre cendales y albores
para amar.

Así la abeja más fiel
en mi panal de temblores
estará
será en mi cuerpo papel
que solo tiernos rumores
ella oirá.

Cálida brisa de abril
atravesada en la rama
del rosal
enrollándose al pretil
de mis ojos, en el drama
de la sal.

En mi sien se han metido
y retumban mis oídos
por doquier
promesas en mi sentido
heliotropos ya caídos
del ayer.

Si mi cintura su brazo
una vez la contuviera
arrimada
podría ser solo trazo
un hostal de primavera
doblegada.

Me llegó la primavera
en sonrojo y arrebol
asombrada
besos de la vez primera
coronaditos de sol
deslumbrada.

Buscando ansiosos sabores
colibríes en bandada
alocados
con primicia de colores
el alba transfigurada
dibujados

La huerta se ilumina
con la luz de las cigarras
resplandor
mientras la noche camina
entreverando las parras
en rededor.

Es todo cuanto quisiera
un otoño sin ocaso
lisonjera
un beso de vez primera
puro, casto, sin fracaso
Primavera

Yolanda Arias Forteza