***Liras de sentimiento y belleza *** Yolanda Arias Forteza

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En humedad de amor

En humedad de amor

Enero llega ya y trae consigo

Recuerdos que estremecen

Mis sentidos.  Responso  

que escoce corrosivo

el fatuo anhelo, que tenaz persigo.

Equidistante al duelo va el olvido

Paralelo y eterno, si en recuerdo.

Es la ausencia sustrato donde medran

razón y terquedad, certeza y duda

rechazo y voluntad, de lo perdido

Ya no espero los dones de los reyes

Ni la rosca de pan y el chocolate

Noches que eran de ensueño y aquelarre

Ahora inciden de insomnio escalofriante

De boga a la deriva, sin brújula ni amarre.

A un puerto llegaré, ¿cuándo, dónde?

Su voz escucharé al cantar mi nombre

Entre bramar de mar y rompeolas

Entre el dulce silbar de caracolas

Envuelto en soledad, en humedad

De amor me espera, un… hombre.

Yolanda Arias Forteza

David

Luego de dos niñas, yo tuve un varón,
Nació justo el día de San Agustín,
Su padre, no obstante, le llamó David.
Un hermoso nombre, de un Rey,
Sabio, fuerte, lleno de poder,
Como a él duras pruebas, marcaron su ser.
Siempre fue mi encanto en su dulce niñez,
Sus ojos muy negros, luceros prendidos,
Me seguían muy serios desde que nació.
Me sorprendía ver la inteligencia
Que en esa mirada ya se traslucía,
Y al mirarlo serio, yo me detenía.
En un viaje corto que,
Con una amiga, a Oaxaca yo hice,
Recuerdo una tarde en que,
Entre unos trigales, mi paso extravié...
Era tal la vida que en la tierra había,
Que en fértil despliegue su gala lucía,
Mecía sus espigas con el suave viento,
Muy altas, tan altas que a mí me escondían
Sus puntas doradas por quemante sol.
Él era muy joven, dieciséis tenía
Y yo, ya cumplía los cuarenta y dos...
¡Tan llena de vida!
Todavía segura, que cosecharía
Amores, riquezas y felicidad.
Buscando mi paso entre aquel trigal
Surgió de repente la cara inocente,
Morena, de mi hijo David.,
Todo en ese rostro respiraba paz.
Tranquilo, confiado, esperaba firme
La vida que fuera le habría de tocar.
Toda mi energía, mi amor
Por entero sólo en él estaban,
Mi pecho estallaba de felicidad.
Tuve una visión, que nunca he olvidado,
Siempre envuelto en trigos lo he de recordar
Aún siento aquel viento
Y huelo la tierra, ¡Ardiente humedad!
El sol que me quema.
El roce del trigo áspero, rasposo
Y en medio de todo, el rostro del niño
Que ahora confundo con el rostro adulto
Del mismo David, que me mira serio,
Con sus ojos negros, con honda ternura.
Yo me miro en ellos y sin voz le digo:
Oh, ¡Cuánto te quiero, me llenas de orgullo!
Eres trigo de oro que yo coseché,
Que en ardua tarea, con amor sembré...
¡Tuve el privilegio de tu madre ser!

Yolanda Arias Forteza
Abril, 2003

Canción, amarga

Es mi nombre la canción más amarga
porque nunca tu voz lo pronunció
y es resabio en mi boca siempre el tuyo;
su cadencia tampoco tu oído, la escuchó.

Voces truncas que nunca se mecieron
en el cálido tono de un ´te quiero´
labios secos de amor que no cantaron
las endechas de un beso enamorado

amantes que nunca se encontraron
empeños que en el tiempo, se… perdieron

Yolanda Arias Forteza

Nunca, más…

Vago sola, enferma,
Con el alma yerma
Roto en mil pedazos
Que hace que se duerma
Entre cardos tristes
En grises nublados
El trémulo trozo
De mi corazón
Dónde te has dormido
Dónde sepultado,
Toda mi ilusión.
Te fuiste y dejaste
A mi alma vagando
Entre directrices
Y anhelos castrados
Desde que me viste
Y de mí dijiste ser
Enamorado. Te fuiste
Diciendo cuánto me has
Amado, y es fruto prohibido
El nunca tocado, y es ansia
De muerte el volver a verte
Y es aberración, Leonora
Llorando y el cuervo graznando
¡Nunca, más… amor!

Yolanda Arias Forteza
Octubre 29, 2017. 10:30 hrs.

El cuervo (poema) - Wikipedia, la enciclopedia libre

A, la… espera

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Anoche me besaste, Amor y, fue tu mano
en firme sujeción, ancla en la mía.
Llegaste a mí como halo milagroso,
no logro recordar si noche o alba
en aleteo sutil de viento rumoroso,
tu aliento entró en mi boca,
los labios entreabrí en un anhelo
inmenso que rozó tu boca,
bebí tu aliento de sediento gozo,
de tu alma un beso tembloroso.
En el roce sutil quise quedarme;
mas, en un rayo de lúgubre cordura,
te pensé sueño y un sollozo me trajo
a la vigilia. Vino a desintegrarme
de tu abrazo; hubo un instante
de extasiada pena, tu presencia comenzó
a difuminarse. En tu dulce temblor,
en sed de ti, se queda el labio,
dolido el corazón,
el alma aún a, la… espera.

Yolanda Arias Forteza

(Mayo 18, 2015) 19:25 hrs.

Bésame, así

«El beso», de Rodin

Ah, qué noche desbocada
En la que no hemos dormido
Alentados los sentidos
por este furtivo amor
que no quiero se termine
y como aliento de abril
se me escurre en el temor
de que, aguacero de mayo
se me deslave el amor
Bésame así, hasta saciarte,
Besa hasta que el gallo cante.
Con el beso aparejado
Así crecerá febril el ardor
Enamorado, en tus piernas
Atrapado que sientes
Dentro de mí.
Anclados en el fervor
De besos desbalagados
De roces inesperados
Mis manos en pos de ti,
Deleitándose en el roce
Más duro que concebí,
Magnífico en el terceto
Ardiendo, mojado en mí.
¡Oh, bien mío!, Sigue,
Sigue besándome, así.

Yolanda Arias Forteza
Junio 24, 2017

Reunión Samhain Silgo XXXI


Octubre 31, 3017, 23.00 hrs. (Tiempo de España)

El recinto está ya en ruinas, pues mil años han pasado que Manoli, lo fundó, luminoso, acogedor para reunir las amigas, saboreando un buen café para charlar a placer sus sueños y travesuras, sus pláticas con sonrisas de aguamiel. La luna está azulada, será el reflejo del cielo que hoy obscuro más, se ve, con dos o tres vampiritos reflejando sus alitas extendidas de negrura en la plateada espesura de una esfera que algo obscura nos invita a recorrer las calles largas, desiertas de almas vivas, escondidas en sus casas, que ya no nos quieren ver.
Gatos negros hoy deambulan por varias calles vecinas, sus maullidos destemplados ya se escuchan por doquier y en todas las casas lindas se han corrido las aldabas a siete llaves cerradas, han bajado las cortinas y nadie se deja ver.
Plena noche de recuerdos, así nos la prometimos los poetas que estuvimos en la Guarida cautivos, con amores a destiempo, llorando nuestros silencios y desafiando a la muerte con sonrisas imprudentes o respetuosos dolientes, entre versos divagando y en la poesía destacando.
Sobre las mesas polvosas Yolanda va colocando las flores de zempoatzuchitl en cascada anaranjada con las que vino cargada la balsa en la que bogaba desde México en el que murió cascada, escribiendo desmedida, llorando sus amarguras, siempre por las madrugadas.
Sentado solo, a la espera está Salas escribiendo sus sonetos tan complejos, de lo que ocurre en España, versos de recio poeta que maneja el lenguaje con reconocida maña, con los que corta cabezas con recrudecida saña. Él aún habita un mundo de mil marañas extrañas, tanto como las arañas que cuelgan de su corbata, urdida con telarañas.
Ahora llega Araceli, en carrera apresurada los huesos le tintinean con las pulseras de plata, pues, ha dejado a sus deudos sólo joyas de hojalata. Su sonrisa nos revela que se siente fascinada por haber llegado a tiempo y así encontrarse dispuesta a ayudar en lo que sea, aprobando las propuestas.
Llega Mía acomedida, elegante, con el cráneo bien brillante pues fue con el peluquero, con revuelo de manteles y primorosas canastas con viandas bien preparadas de exóticas apariencias. Cavas y tintos de marca con etiquetas diversas enfriadas unas, los otros, en su tibieza perfecta.
Oh, no me había percatado. Al fondo, algo solitaria, miro a Julie con la cartera repleta de libros viejos y un deslucido bolígrafo escribiendo en los papiros que trae del siglo XXI, sigue escribiendo poemas y no sé de qué manera exhala humo su cabeza, tan reflexiva nos mira y luego un verso excelente escribirá del fantasma que le inspira lo que advierte.
José Javier está entrando. Elegante, y… despistado. Caballero nos saluda y enseguida nos describe de los cambios ocurridos al ambiente en cada entorno, desde el siglo pasado, se ha encontrado en el camino con amores que le quedaron pendientes y entre ellos, de alguno, permanece enamorado. Todas, casi todas, por él siempre, han esperado.
Manoli se está acercando y la tertulia enriquece con una copa en la mano está feliz de reunirse con sus amigas de antaño, esta reunión es lo suyo, lo que ella había imaginado y por eso en su rinconcito la junta se ha convocado.
Leha camina entre sueños sus pies el suelo no tocan, vuela entre todos nosotros y a un murciélago sus alas las ha pedido prestadas, él se encontraba cansado y ha decidido quedarse a dormirse desnudado en lo alto de un andamio, mientras ella luce hermosa con el negro de azabache sobre sus huesitos albos.
Silvia García Sandoval está ya traspasando como una reina el umbral, vestida como catrina, de belleza sin igual, amplio sombrero de copa adornado con las flores de su Morelos natal. Linda, bella deslumbrante, más que calaca temblante, semeja un lirio juncal. Sonríe amplia y en el ambiente flota un aroma de flores casi, casi angelical.
Llega Greg, apresurado, la corona ha resbalado, la blande desesperado porque siempre es el primero cuando convoca a reunión y ahora se ha retrasado, lo coronaron de olivos en la reunión de las artes, acompañado de Esther y la Guarida de peques y aunque no le gusta el nombre sigue siendo nuestro rey, porque se volvió poeta, a punta de recalar y por todas es amado, nadie nota que de estrés parece desmejorado, ¡qué leches! aún sin querer, ahora, todos somos… delgados.
Fantasmas diseminados hablan a más no poder, María Luisa, por ahí, da la mano a Cely Vargas, y Esperanza está bailando con Carmiña y Hergue Azul, dan la mano a otros poetas contemporáneos entonces. Como niños en un corro, dan vueltas todos danzando. Hay risas, salutaciones, brindis bohemios y cantos. La noche está terminando. Mía ha pasado lista, con algunas excepciones todos autores y amigos, Raquel nuestra Duendecilla, Ana Isabel, Devannys, Arturo y Dulce María (que siguen enamorados) Araceli de Luna, Casal casalita de la mano con Fabíán, Isabel Suárez, Lili, Marga y Silvia Salafranca, Verónica, Flor Profusa, Gloria Lucía, Matilde, María Gracia y Dulcinea, Paqui y María de los Angeles, cierra con María Yolanda (todos, bebieron de más).
Las doce están dando ahora, las campanas van sonando. Seguimos un rato más, todos estamos felices. Un aplauso fantasmal ensordece la alborada. El silencio nos invade, los besos y la nostalgia, la promesa de encontrarnos dentro un siglo celebrando. Las manos ya se separan, todos vamos caminando despacito nos miramos, a lo lejos un adagio en su sepulcral tonada nos ha de encontrar penando, otro siglo, otro tiempo de seguirnos encontrando.

© Yolanda Arias Forteza
Octubre, 2017

Burla, de la vida

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No me hables de amor,
No inflames la llama
Que una vez temblara
En trémulo grito
En mi corazón.

No me hables bonito
Solo di, que un día
Hace tiempo ya
Tú, me diste un beso
Escalera abajo.

Asalta la mente
Rosario de, hubieras,
Riendo en arabescos
De desilusión.
Burla de la vida

Que permite ahora
Mirarnos de lejos,
A seguir atados
A estar separados.
Y nos enfrentemos

Seis décadas tarde,
De dolor sembrados
Y deseo, embriagados
Para conformarnos
Con un día, de… amor

Yolanda Arias Forteza
Julio 14, 2020, 15:00 hrs.

Un soplo

 

Definición de soplo - Qué es, Significado y Concepto

Viento que suave acaricias
Apenas su pensamiento
Deja en él mi sentimiento,
Y suave soplo en su aliento

Que perciba como un beso.
Para que anide en su pecho
La esperanza que en el mío,
Por quererlo se ha deshecho.

Que el sueño que en mi pupila,
Por verlo, se me desvela,
Cierre sus ojos de noche,
Con mi imagen dentro de ella.

Y que quieto, en la alborada
De cualquier noche callada
Lo acaricie mi recuerdo,
En la arruga de su almohada.

La esencia de mi quebranto,
Lo salobre de mi llanto
Vagando por la distancia,
Se han de transformar en canto

Que lo alcancen noche y día
Diciéndole, ¡Te amo… tanto!

Yolanda Arias Forteza
Noviembre 23, 2003. 10:30 hrs.

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